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Cien

Arboric

Este es mi post número cien.  Quise celebrar con una imagen fuerte, positiva, y entusiasta como la de este Arborícola que habita cerca de mi hogar en mi querido barrio de Brookland, en Washington, DC.

Según me han dicho, el nombre real de la escultura es "Flying Man", es decir, Hombre volador; y parece ser obra de un artista llamado Dino que supuestamente vive en Nueva York.  Trataré de buscar más información porque no hay placa que indique el nombre del artista ni de la obra.  El calificativo de "Arborícola" es invento mio. 

Lo interesante de esta foto es que el Arborícola está dispuesto horizontalmente en un hasta para dar l a impresión de que va volando.  Para que apareciera erguido en la foto,tuve que acostarme boca arriba en el cesped y puntar la cámara justo debajo de él.  Me encanta el detalle de que aparezca enarbolando un ramaje.

Foto: ©Carlos Parada

Luz negra

Luznegra Dos cabezas charlan al pié de un cadalso.  Sus cuerpos desprendidos y sangrientos yacen en el suelo.  Goter y Moter acaban de ser ejecutados y sus cabezas se encuentran en un limbo en el que conversan sobre su destino mientras idean un plan para  descubrir si no están muertos.  Esa es la breve sinópsis de Luz negra, obra maestra del teatro del absurdo latinamericano del brillante autor salvadoreño Alvaro Menéndez Leal (1931-2000).

Leí Luz negra por vez primera en 1978.  Mi primo Enrique me la dio de regalo.  Como muchos otros libros que poseía, pensé haberla perdido en mis inacabables andanzas, pero la encontré en mi cápsula del tiempo: el sótano de la casa de mi madre en Los Angeles.  Fue un descubrimiento grato porque el libro contiene el autógrafo de Alvaro. 

Alvaro Menéndez Leal tenía una librería cerca del centro de San Salvador y en las vacaciones de 1978 fui ahí a comprar algunos libros.  Creo que le compré una copia adicional de Luz negra y otros títulos.  Aproveché para platicar con él brevemente y pedirle que me diera su autógrafo.

De entrada se notaba la excentricidad maravillosa de Alvaro.  Portaba dos relojes –- uno en cada muñeca -- y sobre sus hombros deambulaba su mascota: una rata blanca.  No le pregunté de inmediato el por qué de la pinta que traía, pero a medida que fuimos platicando le pregunté que qué significado tenían los dos relojes.  "Así vivo los días dos veces", fue su respuesta, o algo por el estilo.  "¿Y la rata?" le pregunté en el momento en que juzgué apropiado.  "Ah, sí, la rata… es ciega" me contestó. "¿Y cómo se llama?" indagué.  "La rata se llama Borges", replicó con una breve sonrisa.

En ese momento supe por qué había manipulado su apellido de tal forma que Menéndez Leal se había convertido en Menen Desleal.

Mi reciente lectura de Luz negra, me puso de relieve el carácter universal de esta obra.  Luz negra es un logro teatral para todos los tiempos dado que aborda temas profundos como la vida y la muerte, la injusticia, la sobrevivencia, la represión, la violencia, la libertad, las luchas políticas, las dictaduras, el carácter de las masas, el Partido, Dios y el amor. 

La temática se presenta desde una perspectiva aparentemente dual: la de Moter, un brillante estafador que en vida logró hacer una gran fortuna, y la de Goter, un revolucionario fallido quien  se integra al Partido y toma las armas para derrocar al  Estado.  Ambos surgen de un ambiente en que impera la pobreza y abordan su condición existencial escogiendo rumbos de vida marcadamente distintos.  Sin embargo,  al final de sus vidas Goter y Moter se encontrarán en el patíbulo en donde experimentarán el mismo destino en manos del Estado al que se han atrevido a desafiar, uno de una forma egoísta y el otro desde un punto de vista social.

Los nombres de Goter y Moter parecen invocar personajes opuestos  -- Goter suena a God o padre, es decir una mezcla de God y father, y Moter suena a madre o mother -- ;  sin embargo, el sonido similar de los vocablos (diferentes solo por la letra inicial) y su posible significado apuntan hacia una unidad.  En efecto, la obra está armada de tal manera que se llega a puntos en el que algunos comentarios de Moter deberían atribuirse a su "opuesto" y vice-versa.  Goter y Moter vendrían representando una unidad dinámica social, un engranaje esencial de la historia cuya verdadera contraparte, o elemento de oposición, vendría siendo el Estado.  Ese Estado que percibe a Goter y Moter como la masa enemiga a la cual es preciso aniquilar.

Luz negra es un paquete de emociones contradictorias bien manejadas.  El nombre de la obra de por sí, ya plantea un choque de elementos opuestos.  Pero en lo que más se destaca el clash emotivo es en el sentido del humor negro definido claramente por la idea, a la vez técnica y literaria, de las dos cabezas parlantes.  Por ejemplo, en un momento Goter declara: "¡Ju! ¡Lindas cabezas tenemos ahora!  Sobre todo, muy independientes…".

El final de la obra es un ejemplo del uso clásico del patetismo sin dar lugar a cursilerías:  la salvación requiere amor, pero en las condiciones de Goter y Moter y por ende, en el mundo de Luz negra, esa propuesta es un total absurdo.

Fuentes: Menéndez Leal, Alvaro, Luz negra, Ministerio de Educación, Dirección de Publicaciones, Segunda edición, San Salvador, 1976.

© Carlos Parada

Hecho pedazos

Yofragmentado_3

Autorretrato, American Visionary Art Museum, Baltimore, Maryland

19 de agosto de 2007

© Carlos Parada

El cantante y el estereotipo del artista

El cantante es una película sobre la relación entre el famoso vocalista de la salsa puertorriqueña Héctor Lavoe (1946-1993) y su esposa Nilda "Puchi" Román.  Marc Anthony y Jennifer López juegan los papeles protagónicos de Lavoe y Puchi respectivamente.

La línea narrativa de El cantante relata el ascenso de Lavoe a las cimas de la fama y su descenso al peligroso infra-mundo de las drogas.  Pero sería un error concluir que esta obra cinemática es exclusivamente sobre Lavoe.  La película es narrada desde el punto de vista de Puchi tomando como base una entrevista que ella realizó en el 2002, nueve años después de la muerte de su esposo.  Desde el comienzo la película se enfoca en la entrevista y a medida que Puchi va conversando la trama se va remontando paulatinamente a las etapas de su vida con Lavoe. La relación entre ambos es sumamente conflictiva y es este el elemento que define el carácter dramático de la obra.  A medida que Lavoe va ascendiendo hacia la fama, se va agudizando su dependencia en el uso de las drogas nocivas como la cocaína y la heroína.  El efecto de los narcóticos en el cuerpo y alma de Lavoe es el elemento externo que profundiza los enfrentamientos entre él y su mujer.

Según la película, es Puchi quien le abre el paso a Lavoe al uso de la marihuana.  Lavoe comienza a desarrollar su dependencia en las drogas más peligrosas en el ambiente nocturno de los músicos de Nueva York – un mundo saturado de alucinógenos nocivos.  En varias escenas observamos a Lavoe y a Puchi consumiendo marihuana o cocaína.  Sin embargo, Puchi no hace uso de la heroína y según la película, en comparación a su marido, ella parece tener un mayor control sobre su propio uso de las drogas.  Es claro que Puchi, a pesar de su personalidad tempestuosa, está más interesada en que Lavoe retome su rol de padre con su hijo a quien éste ha desatendido irresponsablemente.  Puchi es también quien anima a Lavoe a que busque amparo en la santería para enfrentar a los demonios que lo dominan.  Sin embargo, las fuerzas de la auto-destrucción vencen rotundamente a Lavoe y éste vuelve a caer en el abismo de la adicción.  Toda la dinámica, obviamente, desembocará en el final trágico harto conocido por los admiradores de Lavoe.

Lo mejor de la película es la música y las baladas salseras de Lavoe.   El camafeo en que aparece Rubén Blades es interesante en el sentido que demuestra el profundo cariño que Lavoe se había ganado entre otros músicos muy a pesar de sus enormes debilidades.  Las escenas de baile, infelizmente, carecen de brillo.  En efecto, me atrevo a decir que fueron completamente desaprovechadas.

No creo que a nivel cinemático la película tenga ningún logro importante.  Quizá lo más interesante sea el contraste entre las escenas oscuras y nocturnas de Nueva York y la luz y colores incandescentes del Caribe cuando la acción se remonta al Viejo San Juan en Puerto Rico.

Al reflexionar sobre El cantante, recordé otras películas biográficas sobre artistas que he visto recientemente tales como La vie en rose sobre la vocalista francesa Edith Piaf, Basquiat sobre el grafitista Jean-Michel Basquiat,  Pollock sobre el expresionista abstracto Jackson Pollock, Ray sobre el vocalista y pianista afro-americano Ray Charles, y Camille Claudel sobre la conocida escultora francesa.  En todas estas obras prevalece un elemento en común: el carácter auto-destructivo de los artistas.  La única excepción que se me viene a la mente es Goya's Ghost sobre el pintor español Francisco José de Goya, aunque este realmente no es un trabajo biográfico sino mas bien de ficción.

La verdad es que muchos de los artistas que he conocido son personas comunes y corrientes.  La mayor parte de los que conozco aquí en Washington ni siquiera fuman.  Algunos de ellos son interesantes.  Otros, francamente, son un poco aburridos.  O sea, no son nada fuera de lo normal.  Conozco a varios artistas que se sienten hondamente frustrados, pero la fuente de sus frustraciones surge de la indiferencia o menosprecio que la sociedad demuestra al respecto del oficio artístico.

Sin embargo, la industria cinematográfica parece tener una obsesión con los artistas cuya vida ha sido marcada por las tendencias auto-destructivas como aquellos que padecen de la adicción a las drogas, los que tienen tendencias suicidas, o sufren de otros problemas psicológicos o mentales graves.  Esta fijación de las compañías del cine contribuye a fomentar el estereotipo negativo que muy injustamente suele asociarse con los artistas.  Estoy seguro que esto surge de la "necesidad" o exigencia comercial de crear obras dramáticas que se venderán por su valor de choque.  Si se interesaran por la vida y obra de los artistas normales, tendrían que producir trabajos documentales.  Infelizmente, en el mercado cinemático, los documentales no producen rentas multi-millonarias que se comparen a las que rinden los dramas.  El costo es que el público en general toma esas historias como puntos de referencia y las aplica a la imagen social que se forman de los artistas comunes y corrientes cuyas vidas sanas carecen de los dramas que en la pantalla se convierten en ganancias millonarias.

Video:  Héctor Lavoe y Tito Puente (http://www.vivalarazalatina.com)

Flor de loto

Jardinbotanico_2 He querido detener el mundo pero el mundo corre y me deja atrás.  Las cosas están sucediendo demasiado rápido y son demasiadas las cosas.  Mi cuerpo me dice que tengo que ir a mi propio paso y que mande al carajo el ritmo desorbitado de todo lo demás, de todos los demás.  Obedezco a pesar del precio que tendré que pagar.  Me pregunto que qué pasará si no pago, si no pago y gano.  ¿Podré romper las leyes del "give and take" que se imponen en el quehacer cotidiano? 

Ha sido un año salvaje y ahora mi vida está congelada, paralizada casi totalmente.  He estado sirviendo en un gran jurado sopesando casos de delitos violentos que van desde el homicidio y los asaltos a mano armada hasta el abuso sexual: el lado más oscuro de la humanidad. Estoy sujeto a juramento y no puedo aportar detalles.  Todo el procesamiento emocional lo tengo que hacer a nivel personal.  Son cinco semanas de mi vida. CINCO SEMANAS en las que tengo que prestar servicio  ciudadano para formar parte del engranaje legal que aborda los efectos pero no las causas de la delincuencia.  He pensado que hubiera preferido que el gobierno me hubiera obligado a servir cinco semanas en esfuerzos que impidan el crimen de raíz como la eliminación de la pobreza, la educación, la capacitación laboral, la atención médica, la resolución de conflictos por medios pacíficos, las iniciativas legales contra la proliferación de las armas, y un sin fin de cosas más.  Pero NO. No hay otra alternativa. Me ha tocado lidiar con el mero lado oscuro, el infra-mundo.  Estoy cara a cara con Tánatos

Flordeloto_2 Fui a los Jardines acuáticos de Kenilworth en Anacostia como un escape.  Un pequeño paraíso, una joya en medio del Washington a quien todo mundo le teme por sus altos niveles de delincuencia reales o imaginados.  En los jardines botánicos crece la flor de loto.  Una maravilla de la naturaleza.  Flor sagrada en la religión hindú y en el budismo.  Flor de la esperanza, flor de la vida.

Quiero detener el mundo, pero el mundo no se detiene.  Hoy por hoy me conformo con quedarme atrás.

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Fotos:  Jardines acuáticos de Kenilworth, Washington, D.C.

©Carlos Parada.