Palinuro de México, Amazon y la Biblioteca de Arlington
Hace un par de semanas leí un artículo en el blog de Rafael Menjívar Ochoa sobre la novela Palinuro de México de Fernando del Paso. No la había leído y me dispuse a conseguirla. La busqué en Amazon, pero los precios eran extremadamente prohibitivos. No estaba dispuesto a cometer la locura de pagar entre $70 y $90 por copias usadas en español. La edición en inglés estaba al precio más módico de $14.95, lo cual me vendría saliendo a unos $19 con el costo de envío. La lista de libros usados de la versión en inglés tenía varios ofrecimientos al precio ridículo de 93 centavos; es decir, unos $5 con el precio de envío -- una propuesta atractiva ya que de $90 a $5 hay un abismo de diferencia, pero el producto no era el mismo. Yo quería leer la versión original en español.
El próximo paso, que quizá debió haber sido el primero, fue sondear el catálogo en línea de la Bilioteca central Martin Luther King en Washington, DC, la cual me queda a cinco cuadras del trabajo. Y sí, la tenían pero solo en inglés. Decidí prestarla a pesar de que cuando leo me encanta subrayar, poner notas en los márgenes, o marcar párrafos con un rotulador fosforescente y ésto no es permitido en los libros de biblioteca. Por otra parte, Palinuro es un sendo mamotreto; me pasaré leyéndolo varias semanas, más de las seis que es el máximo permitido en las bibliotecas locales. En fin, me di por vencido y lo saqué prestado. Tengo la opción de devolverlo al cabo de seis semanas y sacarlo de nuevo una semana después.
Respeto mucho a los traductores literarios, y la traducción del Palinuro de Elisabeth Plaister parece estar bien realizada aunque hay dichos y dicharachos mexicanos que es preferible apreciarlos en todo su esplendor original. Sin embargo, existe una ventaja al leer traducciones en inglés de libros en español: el número de páginas se reduce, yo calcularía que en un buen tercio. Por ejemplo, Palinuro de México es un armatoste de 819 páginas en español. En inglés esa cantidad se reduce a 557 páginas.
Había leído unas 100 páginas del Palinuro en inglés cuando recordé que Fernando del Paso acaba de ganar el premio de la Feria internacional del libro (FIL) en Guadalajara este año. Estuve en esa feria en el 2002 y recordé que la compradora de libros en español de la Biblioteca de Arlington asistía a la feria. En efecto, Elisa Miller iba todos los años a la FIL de Guadalajara y a otras en Argentina y España. Entré en línea y revisé el catálogo de la Biblioteca de Arlington y, en efecto, ahí estaba el Palinuro en español. Washington, DC tiene convenio con la Biblioteca de Arlington y se me hizo fácil sacar tarjeta de biblioteca a través de Internet.
Lo que encontré en Arlington no sólo fue el Palinuro de México, sino que todo un tesoro de libros en español. Uno encontrará no sólo un buen número de las obras de los clásicos modernos (valga la contradicción) sino que las obras de otros autores importantes menos conocidos. Por ejemplo, desde que salió he querido leer Desmoronamiento del salvadoreño Horacio Castellanos Moya. ¡Y ahí está! Busqué libros de otros autores contemporáneos salvadoreños como Jacinta Escudos y Rafael Menjívar Ochoa y fue grata mi sorpresa al encontrar varios títulos de estos autores. De hecho, saqué los Cuentos sucios de Jacinta Escudos que desde hace varios años he querido leer. Por otra parte, la biblioteca de Washington no tenía La espuma de los días en el original en francés, de Boris Vian, pero Arlington sí.
Hay mucho más que decir sobre la Biblioteca de Arlington: Está bañada en luz natural porque la rodean ventanas amplias y altas, es limpia, está bien organizada, los empleados son amables y conocen bien los recursos, hay un hot spot gratis con acceso inalámbrico al Internet, sobran las computadoras para los que no tienen laptops, hay cuartos para reuniones comunitarias, cuartos silenciosos (aunque el silencio reina en todo el lugar), el catálogo en línea es preciso, y los anaqueles están bien organizados. En fin, la Biblioteca de Arlington es el modelo de lo que deberían ser las bibliotecas. Las biliotecas de Washington, DC, por lo general, dejan mucho que desear. Las que he visitado y especialmente la central son todo lo contrario, aunque han comenzado los esfuerzos por mejorarlas. Lo único que diría es que los bibliotecarios de Washington son amistosos y tratan de ser atentos. Sin embargo, desde hace meses estoy esperando un correo electrónico de un bibliotecario que prometió enviarme información sobre La espuma de los días en francés. A estas alturas sé que ese correo jamás llegará.
Lo que me había impedido ir a la Biblioteca de Arlington es que no me queda tan cerca. El viaje en metro es largo, pero ahora que la he conocido, me doy cuenta que vale la pena y no tengo la menor duda que a partir de ahora se convertirá en uno de mis escondites favoritos.
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Nota: Es importante informar que Elisa Miller, la bibliotecaria encargada del departamento de libros en español de Arlington, desde hace un año trabaja en la biblioteca central Martin Luther King de Washington, DC. Con ese cambio estoy seguro que la colección de libros en español de esa biblioteca mejorará enormemente. El otro punto que hay que tomar en cuenta es que cuando me refiero a las bibliotecas de Washington, DC, me refiero a las que están bajo la jurisdicción de la ciudad y no a las federales como la Biblioteca del Congreso.

