El Leoncavallo de Roberto Quezada
"Débora. Amor trunco, pero amor al fin y al cabo..."
Desde hace varios meses he tenido en mis manos El Leoncavallo (...del amor trunco), novela del escritor y músico salvadoreño Roberto Quezada. La compré a finales del año pasado en ocasión del concierto del grupo musical Yolocamba Ita en Washington, D.C. Roberto Quezada, como será del conocimiento de muchos salvadoreños, es uno de los integrantes de ese famoso conjunto de música de protesta, el cual surgió en el contexto de las luchas revolucionarias que se llevaron a cabo en El Salvador a finales de la década de los 70. Fue una grata sorpresa saber que Quezada también es escritor y que ha publicado varias novelas. El Leoncavallo, en efecto, fue galardonada con el primer premio en los Juegos Florales de la ciudad de San Salvador en el año 2000.
El Leoncavallo relata la historia de Guillermo, un poeta salvadoreño golpeado por la violencia política de su país a finales de los años 70. La novela inicia en Estocolmo en donde, provocado por un rechazo amoroso, Guillermo realiza un intento de suicidio del cual se salva milagrosamente. A raíz de su participación política en contra de un gobierno autoritario y represivo, Guillermo es capturado y desaparecido en las bartolinas de la Policía Nacional en donde sufre torturas y abusos que lo dejan trastornado y sufriendo de una peligrosa esquizofrenia. Después de un año de supliciós en la cárcel, la Cruz Roja rescata a Guillermo y lo envía al exilio en Suecia.
Luego del suicidio fallido, Guillermo se traslada a Italia huyendo del frío de Estocolmo. La búsqueda de un ambiente cálido lo conduce a Milán en dónde Guillermo se topa con los dos personajes que le transformarán la existencia: Ettore Galbiati y Débora Tinelli.
Ettore es un cojo con pata de palo que Guillermo descubre en la suntuosa catedral de Milán lanzándole insultos a los turistas o propinándole blasfemias a la clientela en las tiendas de lujosos abrigos de piel. Guillermo sigue a Ettore hasta su guarida fascinado con lo que podría ser el prototipo de un personaje de una novela que Guillermo algún día quisiera escribir.
Ettore habita en el local del Centro Social Leoncavallo, un grupo organizado cercano al pensamiento anarquista y activo en los comités de vigilancia anti-facista que ha ocupado ilegalmente el edificio que les sirve de vivienda y de cuartel general. Sintiéndose perseguido por Guillermo, Ettore y un grupo de sus compañeros, le asestan una buena paliza pensando que Guillermo es agente de la policía. Pero al descubrir que Guillermo es inocente y al conocer su historia de lucha política, los leoncavalleros terminan acogiéndolo como a un miembro de la familia. Es así como comienza a desarrollarse una conmovedora relación de hermandad entre Guillermo y Ettore y de solidaridad con el colectivo Leoncavallo. En más de una ocasión, esa relación significará la salvación de Guillermo.
En el contexto de sus exploraciones iniciales por Milán, Guillermo conoce a Débora, una bella mesera que se enamora de él a primera vista. Casualmente, Debora tiene un vínculo fuerte con el colectivo de resistencia Leoncavallo: Fausto Tinelli, su hermano de sangre, es uno de los fundadores y mátires de la agrupación. En efecto, han transcurrido apenas un par de años desde que Fausto fuera asesinado por un grupo fascista italiano. En El Salvador, el padre y la hermana de Guillermo también han sido brutalmente asesinados por los escuadrones de la muerte y es así como se establece no solo un profundo enlace amoroso sino que de afinidades políticas e históricas entre ambos protagonistas.
Sin embargo, Guillermo es esclavo de sus demonios: Las alucinaciones paranóicas que le produce la esquizofrenia constituyen una amenaza a su vida y a la de otros. En un momento clave de la trama, Guillermo se muestra tan trastornado que casi llega al punto de causar la muerte de Débora al confundirla con la imagen de una estatua que él cree que ha cobrado vida y que lo persigue y lo insulta. Con todo, la suerte de Guillermo es enorme: Ettore aparece en escena y logra controlarle la alucinación con la ayuda de Gianfranco Pacciani, el "brillante y demente" psiquiátra del Leoncavallo. Gianfranco, quien ha prácticado su profesión en Nicaragua en el contexto de la revolución sandinista, le ofrece a Guillermo un tratamiento que finalmente le estabilizará la salud. Parte del tratamiento tiene que ver con un ejercicio literario que convierte a Guillermo en un adicto a la lectura y que lo lleva a enfocarse en el estudio de la historia. Débora, por su parte, comprende la crisis de Guillermo pero en vez de rechazarlo lo cuida y lo acompaña en su tratamiento propiciando condiciones idóneas para su recuperación.
Pero si la buena suerte de Guillermo es enorme, enorme también es su desgracia. Después de cuatro años felices a la par de Guillermo, Débora pierde la vida en manos de los carabineros que llevan a cabo una acción armada de desalojo para recuperar el local ocupado por el colectivo Leoncavallo. Actuando en defensa propia, Guillermo mata accidentalmente a uno de los oficiales en la escaramuza convirtiéndose automáticamente en prófugo de la ley junto a Ettore y a otros miembros del colectivo Leoncavallo.
En el refugio que le ofrecen otros allegados del grupo anarquista en la campiña italiana, la guerrilla salvadoreña logra ponerse en contacto con Guillermo y lo convence de que regrese a El Salvador a participar en una operación de inteligencia en la que serán de extrema importancia las habilidades de investigación histórica que ha estado desempeñando a lo largo de sus años en Italia.
Es así como de manera acelerada y casi inesperada, Guillermo encontrará su destino.
Podría decirse que El Leoncavallo es una novela negra, oscura en su tratamiento de los grandes temas del amor, la muerte y la locura. Sin embargo, hablando sobre Débora, luego de su muerte, la voz narrativa manifiesta esta espléndida frase: "Débora. Amor trunco, pero amor al fin y al cabo...". Al volver a El Salvador, cuando Guillermo abraza a Juan Sebastían, su viejo amigo y compañero de lucha, cárcel y exilio, la voz narrativa exclama en nombre de Guillermo "aquí estoy, para no dejar morir la esperanza". Es así como el final de la novela pone de relieve su divergencia con la novela negra. Porque si bien esta obra se trata de la tragedia de un amor trunco, de una esperanza trunca, de una revolución trunca, la novela es, al fin y al cabo, sobre el amor, la esperanza y la revolución.
©Carlos Parada



