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Cantos del silencio, poemas de Mayamérica Cortez

Cantosdelsilenciocropsmall El miércoles 30 de abril recibí una llamada alegre.  Era Mayamérica Cortez para avisarme que había publicado su poemario Cantos del silencio.  La invité a celebrar en un lindo restaurante de Brookland, el barrio donde vivo en Washington, D.C.  Después de Karla Rodas, la artista e hija de Mayamérica, fui la primera persona que recibió una copia del libro. 

Cantos del silencio contiene un interesante prólogo de la poeta y Dra. en literatura Consuelo Hernández quien concluye que "La poesía de Mayamérica Cortez es auténtica y tal vez única en estos días.  Su amor y contenido, su voz, sus dolores, sus recuerdos y su alegría se expresan con un ritmo lírico y un lenguaje sentido que también son muy suyos".

Le pedí a Mayamérica que me escogiera tres poemas de su libro y me concedió la venia de publicarlos en mi blog.  Los poemas fueron el Canto XXII del poemario Cantos del silencio, Quejas nocturnales de Por las avenidas del alma, y Presencia de Cantos del amante y del amor. 

Canto XXII

Si me encuentras por esta ruta
de torcaces adormecidas
no es porque mis mariposas y mis violetas
hayan naufragado en las tardes del olvido.
Es porque mi lanto se hizo anciano
y los pentagramas tienen colgadas
palomas de destierro
señalando el inicio de mi canto.

Si acaso sin querer me encuentras
cuando vagando por tus caminos
de casas sin ventanas
vuelvas de tu abismal distancia
será porque mi sombra se quedó prendida
en tu figura de caminante sin brújula.

Y si te preguntas dónde estaba yo
a la vuelta de tu viaje
será porque la muerte te encontró desprevenido
y mis ojos se quedaron anclados
en tu mirada rasgada por el viento.

No me riñas por los besos
que rompieron mi cántaro de luz
fueron solo guijarros con los que quise marcar
la ruta por donde una tarde te fuiste
sin despedirte
sin siquiera un adiós
   ni sonido de tambor y mar.
Y con tu nombre de miel
entierro tantos otros muertos
que me dejaron un adiós
cayendo por mi ladera
llena de mil cocuyos
  con sus cárceles de sueños
llenas de pájaros heridos.

Y si me atrevo a escribirte una vez más
estos versos de terciopelo
es porque mi alma no alcanza a comprender
la dimensión de una ausencia llena de ti
llena de este silencio musical
que en mil arpegios brota incontenible
y no basta un "hasta aquí"
ni un prematuro punto final
que la muerte se llevó.

________________________________________

Quejas nocturnales

Ya no hay racimos de lluvia.
Dejó de llover hace muchos años.
Se levantó la tierra para encender mi sangre
y pintó el clarinero su voz en mi garganta.
Hay en mis pupilas viajes reprimidos.
En ellas se ven campos lejanos sembrados de sol
floreciendo el sudor de cada mano y cada frente.

Son los años de inmemoriales edades.
Aquellas que quedaron en la casucha de adobe y tejas
y son estos años nuevos, los de venado y río
los de ruido y fábrica...
Son éstos que soterran mis manos de angustia
los que albergo en la mirada y que me dicen
¡Te sigue la arcilla y viene el presagio de lo inmóvil!

Vaga quietud me conmueve
y lechos de piedra me llaman.
Líneas paralelas me siguen.
Hay quetzales y cenzontles traducidos
en olvido y en quimeras.
Es la sangre de mis hijos que vierten mis pupilas.
Es la ausencia de lo que está presente
lo que agita mi pecho.

Estoy a punto de volar en mil pedazos
a punto de gritar que no quiero nuevos horizontes
porque mi sol se tornó hielo.
Tú, el brujo conquistador de corazones
devuélveme el antiguo lecho
descríbeme los ritos del tejado y los espejos.

Devuélveme la plaza de mis azules ensueños
la queja y el rumor de mis olas.
¡Rompe los cielos de mi agonía!
Mis espacios de profundo verde
que se deshacen en luz convergiendo
hacia el olvido.

Necesito espacios... blancos y rojos.
Espacios infinitos de grande longitud.
Quiero reventar esta hilera de piedras y luceros,
este largo caminar de silencio inmóvil.
Esta vasija de barro y queja.

Tú, brujo y dios, devuelve mi mundo tranquilo,
mi cochecito mágico recién llegado.
Devuélveme tu voz que mi corazón se hace
abismo de amargura entre tus manos.
Quiero levantar mi frente de mármol frío
detener el principio de mi caída
que suena en hojalata y castañuelas.

Las campanas de tu cielo suenan a arrebato
y hay un follaje de plumas
abatidas sobre mis ojos...
Suena el silencio de tus manos
en voces y risas de niños
y una voz delgada, pálida, con crepúsculos de anillos
tintinea en triángulos al decir tu nombre.

________________________________________

Presencia

Me separaron de ti libélulas, alondras...
Me alejé en el diciembre de las horas
que asegurabas eran para mí.
El gris de tus pupilas estableció
la sombra de mis pasos.
Y este sabor a lágrima, esta presencia de soledad
  anclada en las estrellas.
¡Cuando llegará la pausa en la distancia?

¡Y aquellos días!  Hace tiempo que tuvieron su edad.
Y nosotros los de antes... ¡Qué silencio,
qué tristeza regresar a nuestras canciones!
La alondra escapó de su jaula... ¡Más, no!
  Estamos siempre presos
en la congoja de las palabras.
El ansia de nacer es fuego vivo.
¡Sorpresa y deleite! De pronto se
perfila el rostro inolvidable;
delinenado los vientos con tus manos estabas allí
-- colores brillantes relfeja la tarde –-
...Y caminar con la alegría en los labios
sobre el tic-tac de nuestro espacio.
¡Qué pausa más corta nos concedió el tiempo!
Y aquí sigo ignorando cuál era mi puerta.
Decenios pasaron y aún estabas allí
diciendo hasta pronto en un beso
detenido del mundo en el otro confín.
  No quise que te fueras.
Que te llevaras esta transparencia
abierta en mis dolores; ni tu mirar, ni tu adiós,
más agudo y doloroso cuánto más callabas.

Minutos, horas o siglos...
¡Quién sabe cuántos pasaron así!
Y al final nuestras sombras perfilándose en la nada.
Sombría cuanto más lejana la mirada
y aquél adiós desprendiéndose de las manos
  con el tiempo de nuestros recuerdos.

Mayamericasmall_2 ________________________________________

Cortez, Mayamérica, Cantos del silencio, Primera edición, USA, Alexandria, Virginia, 2007, Union Printing Reprographics, ISBN 978-1-606-43-164-1.

©Carlos Parada

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