En 1987 formé parte del equipo de intérpretes de una delegación a El Salvador cuyo objetivo era llevar abastecimientos médicos, valorados en varios millones de dólares, a la población de las zonas de control guerrillero del FMLN, a los campos de refugiados de la iglesia católica y a los hospitales militares del ejército.
Participaban en la delegación varios médicos y académicos estadounidenses, así como un grupo de activistas entre los cuales se destacaba Bianca Jagger, la ex-esposa nicaragüense de Mick Jagger de los Rolling Stones.
La delegación había sido organizada por la institución Medical Aid for El Salvador, y en particular, por Mario Velásquez y Jody Williams quien, diez años después, recibiría el Premio Nobel de la paz por su trabajo a favor de la abolición de las minas de guerra.
Desde ese entonces no había visto a Mario Velásquez, por lo que fue una grata sorpresa saber que estaba de visita en Washington y que quería reunirse con un grupo de sus viejos amigos y compañeros de lucha.
Quienes conocen a Mario saben que es un tipo entretenido y jocoso, que tiene el don de la creatividad, una energía ilimitada, y un talento especial para organizar cosas ugh... grandes. La delegación de ayuda médica de la que hablé es un ejemplo; pero también cabe mencionar que Mario fue uno de los arquitectos del movimiento de solidaridad con el pueblo salvadoreño en Estados Unidos durante los años de la guerra. Ahora, Mario regresa convertido en todo un empresario que, en esencia, yo creo que es lo que Mario siempre fue.
La visita, como había de esperar, fue inolvidable y se llevó a cabo en la casa de Arnoldo Ramos, otro gran amigo, quien además nos preparó una rica cena de chuletas horneadas, frijoles negros con arroz, guacamol, y una suculenta ensalada. Y, como es de esperar en estas ocasiones, no nos faltaron varias botellitas de un buen vino tinto, como no. La conversación fue entre todos y Mario. No se puede decir que fue de uno a uno. Es decir, alguien le recordaba o le preguntaba algo a Mario y él nos respondía a todos. Tenía que ser así porque a todos nos interesaban sus respuestas ocurrentes y picantes. La pasamos de lo más divertido.
En la foto estamos los salvadoreños que asistimos a la cena y Arnoldo que, aunque es tico, tiene todo el derecho de atribuirse un corazón guanaco. Todos hemos residio muchos años en Estados Unidos. De todos se puede decir que, a distintos niveles, entregamos una buena parte de nuestras vidas al movimiento de solidaridad y al trabajo político y diplomático que se llevó a cabo en este país y a nivel internacional durante los años de la guerra en El Salvador. Todos padecimos la guerra psicológica del gobierno de Estados Unidos en contra de nuestro trabajo, a pesar de que pudimos haber escogido la cómoda opción de darle la espalda a la historia.
Pero bien, aquí nos encontramos (entrecanos, vivitos, coleteando, y con los años de la experiencia a nuestro favor), posando para la posteridad; de izquierda a derecha: Mario Velásquez, Carlos Parada, Salvador Cortéz, Arnoldo Ramos, y Francisco Altschul.
La foto la sacó Mario con su iPhone. Me tomé la libertad de hacerle unos arreglitos en Photoshop que talvez escondan un poco las arrugas y las canas y hagan hincapié en lo que verdaderamente somos: unos caballeros de fina estampa, hechos y derechos.
Y para terminar, una adivinanza que los amigos de Mario sabrán descifrar: Si en San Salvador ya hay un pub al estilo inglés que se llama "La ventana", ¿por qué le compete a Mario abrir uno en Los Planes que se llame "La puerta"? :-)
© Carlos Parada