El útimo fin de semana de abril hizo un clima sensacional. Los pájaros hacían una tremenda alharaca y las ardillas corrían por el pasto y coleteaban en los árboles. El sábado, una hora o algo así antes del ocaso, recibimos de repente una llamada de parte de una de las vecinas. Estaba tan emocionada que yo pensé que algo malo le había sucedido. La razón de la llamada era que un mapache se le había metido en el traspatio y luego se había colado en el nuestro. Laura no le hizo mucho caso al asunto. Yo salí a buscarlo con la cámara en mano y lo sorprendí cuando salió de uno de los basureros del vecindario. Ahí le saqué esta foto.
Laura se había ido a acostar en la hamaca en el portal de la casa. Ahí la encontré charlando con otras vecinas que estaban preocupadas por el animal. "Cierren las puertas" le gritaban a los hijos. "No vayan a dejar que se meta en la casa". Cuando les enseñé la foto repicaron al unísono "Oh my God!". "Compra bolitas de naftalina y ponlas en la basura" le dijo una a la otra. Laura les dijo que no había por qué preocuparse. "Puede que tenga rabia" le contestó una de las vecinas. Y luego un nuevo grito: "Niños, cierren la puerta".
Cuando yo le tomé la foto, el mapache simplemente se me quedó viendo como quien dice "Y a Uds. ¿qué les pasa? ¿Qué nunca han visto un mapache?" Muy campante se volteó, y como el león del Don Quijote, me apuntó el trasero y se retiró.
© Carlos Parada
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